De vuelta a la normalidad
- Isabella Sabogal Escobar
- 4 feb 2023
- 3 min de lectura
PANDEMIA, un momento en el cual todos atravesamos situaciones difíciles, pero, muchos la aprovecharon, algunos no tanto y otros la odian por completo. Sin embargo, no faltamos los que pensamos que eso sucedió hace muchísimos años como si todo fuera una película que queda en nuestros vagos recuerdos.
No cabe ni la menor duda que, esa situación, dejó alguna enseñanza para cualquier persona y que de cualquier manera cambió nuestras vidas para siempre. Pues, de la noche a la mañana, dejamos nuestra rutina para adaptarnos a un estilo de vida que nunca se había experimentado. Como lo fue: estar todos unidos en casa, trabajar o estudiar virtualmente, estar confinados por varios meses, esperar el día para salir a comprar lo necesario, tener un presupuesto, aprender o hacer cosas que nunca te imaginaste que podías y un sin fin de actividades que se hacían en el día a día.
Así es como la mayoría cambió su perspectiva de la vida, entendiendo que en cualquier momento todo puede pasar. En el caso de los estudiantes y profesores, fuimos un 13 de marzo a la universidad sin saber que sería nuestro último día presencial y pensando que el lunes sería un día común y corriente. O bien, después de entrar al confinamiento pensamos que sólo serían unas cuantas semanas o meses, no alrededor de dos años.
Dos años en los que la manera en la que veníamos aprendiendo o enseñando cambió rotundamente. Pues, está claro que no es lo mismo aprender frente a un computador que de manera presencial. A su vez, estoy segura de que la mayoría tuvo una relación de amor y odio con la virtualidad. Debido a que, por un lado la facilidad y lo práctico que era poder manejar el tiempo u horario sin importar donde se encontrara, conocer herramientas digitales que facilitaban el proceso y que ahora todos utilizamos, un mayor empeño por parte de los estudiantes y profesores por eso un proceso más autónomo, algunos subieron sus calificaciones, entre muchas otras cosas.
No obstante, por otro lado, se encuentra esa parte de frustración por sentir que no se aprendía, estrés por la situación que se vivía, falta de motivación, bajo rendimiento, impotencia al no poder hacer nada, metodologías de enseñanza obsoletas, carga de trabajos por supuestamente “todo era más fácil”, no socializar con ningún compañero más allá de una pantalla y ni siquiera una cámara, etc. Además, no se puede dejar a un lado que todo esto ha traído consigo consecuencias en la misma salud tanto física como mental de todos.
Pero, después de toda esta experiencia, existía la incertidumbre de cómo era volver a la normalidad, a esas nuevas clases luego de la virtualidad, a ese encuentro con compañeros y profesores que nunca conocimos verdaderamente, o bien, si el rendimiento y desempeño serían los mismos. Es más, hasta muchos querían que nunca se volviera a esa presencialidad sino continuar en lo remoto.
Y es que, no voy a negar que hay materias que se pueden dar así. Solo que no todos los profesores tienen una metodología correcta para ese medio, ni todos los estudiantes saben adaptarse para un mayor aprendizaje. Es por eso que, considero la vuelta a la normalidad después de un año una situación muy particular.
Puesto que, no es fácil para los que son de otros lugares del país mudarse de nuevo a Santa Marta, volver a madrugar para clase 6 a.m y tener que trasladarse cuando antes solo nos levantamos 10 minutos antes, retomar las sustentaciones y exposiciones como debe ser, vernos con nuestros amigos todos los días y poder conocer más a los compañeros, correr de un salón a otro para que no cierren la puerta, saber manejar el tiempo para entregar los trabajos y ser puntual pues de manera remota podíamos almorzar mientras se daba clase porque a veces no nos alcanzaba el tiempo y sobretodo de sentir que realmente se está aprendiendo con una mayor motivación.
En fin, llegó ese momento que todos queríamos y desde mi punto de vista hemos sabido aprovechar, donde claramente no todo es perfecto y hay cosas por mejorar, pero, se siente que valió la pena la espera y todo lo que se atravesó en la PANDEMIA.
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